El parque
(Un parque lleno de niños montando bicicleta. Mateo está sentado solo en una banca observándolos.)
Narrador: Era una tarde soleada. Muchos niños disfrutaban del parque montando sus bicicletas. Reían, hacían carreras y se divertían. Pero en una banca estaba Mateo, mirando en silencio.
Mateo: Qué bonito sería tener una bicicleta. Todos parecen tan felices.
(Luis, Pedro y Sofía pasan cerca de él.)
Luis: ¡Miren quién está ahí sentado otra vez!
Pedro: Siempre viene a mirar, pero nunca monta.
Sofía: ¿Por qué no juegas con nosotros?
Mateo: Porque no tengo bicicleta.
Luis: ¿Todavía no tienes una?
Mateo: No. Mi mamá dice que algún día, cuando pueda ahorrar.
Pedro: Pues ese día nunca va a llegar.
(Los tres ríen.)
Luis: Siempre te veremos sentado en esa banca.
Pedro: Tú naciste para mirar, no para montar.
Mateo: No se burlen…
Luis: Si no tienes bicicleta es porque nunca podrás tener una.
Pedro: Mejor sigue soñando.
(Los niños se alejan riéndose.)
Narrador: Mateo bajó la cabeza. Las palabras le dolieron más de lo que quería demostrar.
Escena 2: La conversación
(Mateo sigue sentado. Un señor elegante, vestido con traje, se sienta a su lado.)
Señor Alejandro: Hola, joven.
Mateo: Buenas tardes.
Señor Alejandro: ¿Por qué estás aquí tan triste?
Mateo: No es nada.
Señor Alejandro: A veces hablar ayuda.
Mateo: Es que todos tienen bicicleta menos yo.
Señor Alejandro: ¿Y eso te pone triste?
Mateo: Sí. Me gustaría jugar con ellos, pero solo puedo mirar.
Señor Alejandro: Escuché lo que dijeron esos niños.
Mateo: Se burlan de mí casi todos los días.
Señor Alejandro: ¿Y tú qué respondes?
Mateo: Nada. Mi mamá me enseñó que no debo responder con insultos.
Señor Alejandro: Tu mamá te dio un gran consejo.
Mateo: Ella trabaja mucho, pero apenas alcanza para la comida y el alquiler. Una bicicleta cuesta mucho dinero.
Señor Alejandro: ¿Y aun así sigues soñando con tener una?
Mateo: Claro. No quiero rendirme.
Escena 3: Una sorpresa
(El señor sonríe.)
Señor Alejandro: Espérame aquí unos minutos.
Mateo: Está bien.
(El señor se va. Pasan unos segundos. Regresa empujando una bicicleta nueva.)
Mateo: ¡No puede ser!
Señor Alejandro: ¿Te gusta?
Mateo: ¡Es hermosa!
Señor Alejandro: Es para ti.
Mateo: ¿Para… mí?
Señor Alejandro: Sí.
Mateo: No sé qué decir.
Señor Alejandro: Solo prométeme una cosa.
Mateo: Lo que sea.
Señor Alejandro: Nunca humilles a alguien por no tener lo mismo que tú.
Mateo: Se lo prometo.
Señor Alejandro: Y cuando puedas ayudar a alguien, hazlo.
Mateo: Lo haré.
Escena 4: El cambio
(Mateo monta la bicicleta por primera vez. Los otros niños lo ven.)
Luis: ¡Miren!
Pedro: ¡Tiene una bicicleta nueva!
Sofía: Qué bonita está.
(Los niños se acercan.)
Luis: Oye… perdón por lo que dijimos.
Pedro: Sí… fuimos muy groseros.
Mateo: Está bien. Solo espero que no vuelvan a tratar así a nadie.
Sofía: ¿Quieres dar una vuelta con nosotros?
Mateo: Claro.
(Todos empiezan a montar juntos.)
Escena Final
Narrador: El señor Alejandro observó la escena desde lejos y sonrió.
Señor Alejandro: A veces un regalo no solo cambia el día de una persona… también puede cambiar el corazón de quienes la rodean.
Narrador: Ese día, Mateo recibió una bicicleta, pero los demás recibieron una lección aún más importante: nunca debemos burlarnos de alguien por lo que no tiene. La bondad y el respeto valen mucho más que cualquier objeto.
Todos: ¡Fin!