la trato mal sin pensar que es la madre del dueño del hotel. - Manualidades En Casa

la trato mal sin pensar que es la madre del dueño del hotel.

(La entrada de un hotel de lujo. Un guardia observa la puerta mientras llegan varios huéspedes. En ese momento aparece una señora con ropa vieja y sencilla. Camina con tranquilidad hacia la entrada.)

Roberto: Disculpe, señora. Un momento, por favor.

Elena: Buenos días.

Roberto: ¿A dónde cree que va?

Elena: Voy a entrar al hotel.

Roberto: Lo siento, pero no puede pasar.

Elena: ¿Y cuál es la razón?

Roberto: Este es un hotel exclusivo. Solo pueden entrar huéspedes o personas autorizadas.

Elena: Precisamente por eso quiero entrar.

Roberto: Mire su ropa… No parece una clienta de este lugar.

Elena: ¿Así que decide quién puede entrar solo por la forma en que viste?

Roberto: No quiero problemas. Le pido que se retire.

Elena: Antes de pedirme que me vaya, ¿no cree que debería preguntarme qué vengo a hacer?

Roberto: No hace falta. Estoy seguro de que se equivocó de lugar.

Elena: Se sorprendería de las cosas que uno descubre cuando deja de juzgar a las personas.

(La recepcionista escucha la conversación desde el mostrador y se acerca.)

Valeria: Roberto, ¿ocurre algo?

Roberto: Esta señora insiste en entrar, pero claramente este no es un lugar para ella.

Valeria: Tal vez deberíamos escucharla primero.

Roberto: No es necesario.

Elena: Solo quiero entrar unos minutos.

Roberto: Ya le dije que no.

Valeria: Señora, ¿tiene una reserva o viene a visitar a alguien?

Elena: Sí. Vine a ver a una persona muy importante para mí.

Roberto: Seguro que tampoco la conoce.

Elena: Claro que la conozco.

Roberto: Entonces dígame su nombre.

Elena: Daniel.

Roberto: Aquí trabajan muchos Daniel.

Elena: Él no trabaja aquí… Él es el dueño.

(El guardia sonríe con incredulidad.)

Roberto: Sí, claro… ¿Y yo soy el presidente?

Valeria: Roberto, no seas irrespetuoso.

Roberto: Solo estoy haciendo mi trabajo.

(En ese momento se abren las puertas del ascensor y sale Daniel, vestido de traje. Al ver a la señora, sonríe y camina rápidamente hacia ella.)

Daniel: ¡Mamá!

(La abraza con cariño.)

Daniel: ¡Qué alegría verte! Pensé que llegarías más tarde.

Elena: Quise darte una sorpresa.

(El guardia queda completamente sorprendido.)

Roberto: ¿Mamá…?

Daniel: Sí. Ella es mi madre.

(Silencio.)

Daniel: ¿Qué ocurrió aquí?

Valeria: La detuvieron en la entrada porque pensaron que no debía entrar por su apariencia.

Daniel: ¿Es cierto, Roberto?

Roberto: Sí… Lo siento mucho. Creí que…

Daniel: Ese fue el problema. Creíste antes de preguntar.

Roberto: Tiene razón.

Daniel: Mi madre suele vestir de forma sencilla porque así se siente cómoda. Nunca ha necesitado ropa costosa para demostrar quién es.

Elena: Las personas valen por lo que son, no por lo que llevan puesto.

Roberto: Señora, le ofrezco una sincera disculpa. La juzgué sin conocerla.

Elena: Acepto sus disculpas. Espero que esta experiencia le sirva para tratar a todos con el mismo respeto.

Daniel: En este hotel queremos que cualquier persona sea recibida con educación, sin importar su apariencia.

Roberto: Prometo que no volveré a actuar de esa manera.

Valeria: Todos podemos equivocarnos. Lo importante es aprender del error.

Daniel: Exactamente. Un buen servicio comienza con el respeto.

Elena: Nunca olviden que detrás de cada persona hay una historia que ustedes desconocen.

(El guardia asiente con la cabeza.)

Roberto: Gracias por darme la oportunidad de corregir mi error.

Daniel: Bienvenida, mamá. Vamos, te invito a recorrer el hotel.

(Daniel y Elena entran al hotel mientras el guardia observa en silencio, reflexionando sobre lo sucedido.)

Narrador: Juzgar a las personas por su apariencia puede llevarnos a cometer graves errores. El respeto, la empatía y la educación deben estar presentes con todos, sin importar cómo luzcan o cómo vistan.

Fin.

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